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Los líderes que permiten que sea el equipo y sus miembros quienes influyan y guíen el proceso de construcción y mantención, que dan un espacio apropiado para la autodeterminación, son generalmente reconocidos como mejores líderes. Es decir, construyen equipos y organizaciones más efectivas.

Aunque sea un proceso inconsciente, los líderes, a través de su comportamiento diario, a través de los premios, castigos y recompensas (monetarios, psicológicos, emocionales, etc.) que otorgan, van moldeando la organización de acuerdo a sus propios valores.

Por lo tanto, si queremos ser líderes efectivos, tenemos que estar constantemente atentos a cómo las decisiones y acciones que tomamos (y, especialmente, las que no tomamos) influyen cada uno de los pasos y procesos de creación y mantención del equipo.

Liderar un equipo u organización de alta efectividad es una danza constante donde el líder a veces tiene que tomar la iniciativa y empujar por un resultado específico y, en otras, tiene que dar espacio al equipo para que lo sorprendan positivamente con su capacidad de generar resultados que son mejores para todos.